Crear nuevos modos de vida: metamorfosis queer
Al parecer, hoy como ayer, todavía hay que identificarse con algo para ser alguien, «adquirir» una identidad para que tu vida tenga sentido. Sea una identidad nacional, religiosa, política o cultural. O sexual...
La apología actual de la identidad gay en los medios que antes la demonizaban nos descubre uno de los mayores problemas de la existencia sexual, sean cuales sean tus deseos y los orígenes de tus placeres: ¿existe el deber de «desvelar» nuestra «identidad propia» y que esta «identidad revelada» se convierta en ley, en norma, en principio, en código de nuestra existencia? Si la cuestión que se plantea por parte del movimiento gay es: «debo ser así conforme a mi identidad», entonces volveríamos a una especie de ética muy cercana, por contraposición, a la hasta hoy ley suprema social: la «virilidad heterosexual tradicional». No por nada se ha hablado de la doble vida de muchos homosexuales: cara y cruz de una identidad sexual.
Con respecto a la identidad, los autoconsiderados homosexuales, al igual que los se consideran como heterosexuales, bisexuales o transexuales, lo que podemos es reconocernos en tanto que seres únicos o singularidades. Foucault, precursor de la teoría queer, afirmaba que las relaciones que nosotros debemos mantener con nosotros mismos no deben ser relaciones de identidad, deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. No tenemos que excluir la identidad, si en el marco de ella la gente encuentra alguna clase de placer, pero no debemos considerar la identidad como una regla ética universal y obligatoria. La identidad es útil pero nos limita. Es posible usarla pragmáticamente siendo conscientes de su virtualidad y no pagar su precio: el precio que por ejemplo tanto hace sufrir a l@s transexuales que se encuentran en un cuerpo que consideran ajeno, el alto precio que paga cualquier ser humano que ve limitadas sus posibilidades de vida por lo que supuestamente «es», es decir, por cómo es definido y «fijado» por la sociedad, su medio, la familia, su religión o su cultura, por muy «alternativa» que ésta sea.
La liberación sexual no es la puesta al día de las verdades secretas concernientes a sí mismo o a su deseo más que un elemento del proceso de definición y de construcción del deseo. El sexo no es una fatalidad, es la posibilidad de acceder a una vía creadora. No tenemos que descubrir que nosotros somos homosexuales, debemos primero crear un modo de vida gay, un devenir gay. Debemos no solamente defendernos, sino también afirmarnos, y afirmarnos no solamente en tanto que identidad, sino en tanto que fuerza creadora. El movimiento gay no debe crear su propia cultura, sino crear una cultura.
¿Qué podemos decir ante estas palabras de Foucault hoy que existe una extraordinaria proliferación de las prácticas de la homosexualidad masculina -más que de la femenina- junto a la más o menos secreta sensualización de ciertas partes antes negadas del cuerpo y la expresión de nuevos deseos?
¿Hay alguna clase de creación, de empresa creadora, una de cuyas características sería la llamada desexualización del placer, la ampliación de las posibilidades del placer en la que nadie siguió a Foucault? En su tiempo Foucault discutió un par de ideas asumidas por nuestra cultura: la idea según la cual el placer físico proviene siempre del placer sexual y la idea según la cual el placer sexual es la base de todos los placeres posibles. Foucault sostuvo que ambas son algo falso. 
A partir de esas propuestas surgen las biopolíticas queer. Los queers consideran que la orientación sexual y la identidad sexual o de género de las personas son el resultado de una construcción social, y que por lo tanto no existen papeles sexuales esencial o biológicamente inscritos en la naturaleza humana, sino formas socialmente variables de desempeñar uno o varios papeles sexuales.
Podríamos releer los siguientes párrafos de Foucault sustituyendo por queer, una palabra más amplia, a las más restrictivas gay u homosexual:
Es necesario obstinarse en ser queer, colocarse en una dimensión donde las elecciones sexuales estén presentes o sus efectos sobre el conjunto de nuestra vida. Quiero decir que estas elecciones sexuales deben ser al mismo tiempo creadoras de modos de vida. Ser queer significa que las elecciones se difunden a través de toda la vida, es una forma de rechazo de los modos de vida propuestos, es hacer de la elección sexual el operador de un cambio de la existencia. Ser queer, es ser en devenir, no es necesario ser homosexual para obstinarse en ser queer. La homosexualidad no es una forma de deseo, sino algo deseable. La homosexualidad es más un desear un mundo donde estas relaciones son posibles, que simplemente tener el deseo de una relación sexual con una persona del mismo sexo.
Dos puntos son importantes en cuanto a los objetivos políticos del movimiento homosexual, primero, la cuestión de la libertad de elección sexual, no la libertad del acto sexual, porque algunos actos como la violación no deben estar permitidos. No debe haber una libertad absoluta de acción en el dominio sexual, al contrario en cuanto a la cuestión de la libertad de elección sexual, la intransigencia debe ser total. La libertad de elección sexual implica la libertad de expresión de esa elección, quiere decir libertad de manifestar o de no manifestar la elección. Segundo, un movimiento homosexual podría plantearse como objetivo la cuestión del lugar que ocupa para el individuo, en una sociedad dada, la elección sexual, el comportamiento sexual y los efectos de las relaciones sexuales entre la gente.
Tiene un gran sentido hablar de un estilo homosexual, pero el término homosexual no significa gran cosa, es una categoría inadecuada. Inadecuada, en el sentido en que, por una parte, uno no puede clasificar los comportamientos, y por otra, el término no da cuenta del tipo de experiencia de la cual se trata. Con todo rigor se podría hablar de un estilo queer, al menos una tentativa de progreso para recrear un cierto estilo de existencia, una forma de existencia o un arte de vivir el cual se podría llamar queer.
Aquello que hay que desafiar es la tendencia de llevar la cuestión de la homosexualidad al problema de «¿Quién soy yo? ¿Cuál es el secreto de mi deseo?» Quizá sería mejor preguntarse: «¿Qué relaciones pueden ser, a través de la homosexualidad, establecidas e inventadas, multiplicadas, moduladas?» El problema, no es descubrir en sí la verdad de su sexo, sino es más bien valerse de su sexualidad para alcanzar una multiplicidad de relaciones. Es por ello que la homosexualidad no es una forma de deseo sino algo deseable. Nosotros tenemos que esforzarnos en devenir homosexuales y no obstinarnos en reconocer que lo somos. Los desarrollos de la homosexualidad apuntan al problema de la amistad. La amistad: es decir la suma de todas las cosas a través de las cuales, el uno al otro pueden darse placer. Lo que vuelve «perturbarte» la homosexualidad, es el modo de vida homosexual más que el acto sexual mismo. Imaginar un acto sexual no conforme a la ley y a la naturaleza no es lo que inquieta a la gente, sino que los individuos comiencen amarse. Estas relaciones van en contra de los códigos institucionales, introducen el amor allí donde debería haber ley, regla o hábito.
Al final de su vida Foucault se encontró encerrado en un laberinto: el de la búsqueda nietzschiana de la reinvención de un yo que ambos filósofos sostenían que no existía. A Foucault, muerto prematuramente, le faltó encontrar y abrir la puerta cyborg al laberinto, descubrir la metamorfosis real, que es la que transcurre en nuestros cuerpos. ¿Qué ocurriría si las multitudes queer se convirtieran en cyborgs, si transformaran sus cuerpos para ampliar las posibilidades de conocimiento y placer?
¿Cómo nos desearemos y nos amaremos siendo nuevos cuerpos de intensidad variable, cyborgs multisexuales, excitantes y polimorfos? ¿No será partipando en la tecnoliberación como nos posibilitaremos experimentar la metamorfosis?


5 Comentarios:
?
Cosmodelia, permíteme una reflexión. Siguiendo el argumento del primer párrafo, tal como lo entiendo, si el movimiento gay plantea en los gays un ser gay conforme a una identidad colectiva del tipo ley, norma o principio (identidad que los unificaría como movimiento), entonces se vuelve a una ética cercana de la "virilidad heterosexual tradicional".
Me parece que el argumento supone como implícito que la representación del movimiento gay se constituye en contraposicón a la heterosexualidad y menos a partir de descubrir un ser gay colectivo por medio del desvelamiento diferencial de la singularidad. Lo que digo remite a un asunto al nivel de la representación colectiva. Ahora bien, el argumento parte de la idea de que lo gay es lo dicho para la homosexualidad masculina, pero también no hay problema si se dice que una chica es gay, además de que lo gay también implica un modo de vida que no forsozamente tiene que ver con la homosexualidad. Se puede decir que estos matices remiten a lo queer, al ser queer.
No osbtante, si te das cuenta: hablas de la "virilidad heterosexual tradicional" como si la heterosexualidad fuera exclusiva de lo masculino. Me parece que ahí, sin quererlo, reproduces la contraposición que hace pensar que la identidad colectiva que representa lo gay surge en contraposición a la identidad colectiva masculina. Creo que ahí surge en tí (y se reproduce) esa estructura histórico-mental cohesionda como contraposicón colectiva.
Si bien hay aún mujeres heterosexuales, no todos los gays rechazan su masculinidad: hay gaysmasculinos y gaysfemeninos tanto como heterosexualesfemeninos y heterosecualesmasculinos. (el lesbianismo también tendría sus subdivisiones). Todas estas diferenciaciones o matices al interior de lo gay o de lo homosexual es lo queer. A nivel individual lo queer implica muchas formas de ser gay, homo, o lesbo: la sexualidad siempre tiene su molaridad y su molecularidad (hay algo en el Antiedipo de Paidós, creo que en la página 75 o 76).
La cuestión estriba en que, al poner estos devenires queer al nivel de la representación colectiva o social, es decir, al nivel de "movimiento", el ser gay, homo, lesbo etc, entra en un dualismo que merma su singularidad. En fin, al hablar del movimiento de una minoría se habla también de una identidad colectiva que necesariamente se significa con respecto a una mayoría. Y ese es el problema.
La cuestión no es verse colectivamente o molarmente, sino molecularmente: olvidándose de la importancia personal, del ego, y del placer corporal -el cual supone un cicuito de castración del deseo, que va de la carencia al placer, y del goce al vacío-: la cuestión es generar mesetas de intensidad, seas gay homo lesbo bi trans célibe cyber, etc, y generarlas, para fluir con el deseo...
te mando un saludo
Naxos, te agradezco tus comentarios. Pensé que las comillas de "virilidad heterosexual tradicional" eran suficientes para indicar que me refería a un constructo social, al que pienso se contrapone el discurso de la identidad gay, creándose una dualidad y relación parte/contraparte entre ellas.
No obstante he retocado de otro modo el párrafo, que espero exprese con mayor claridad lo que pretendía decir.
Cosmodelia, el parrafillo queda mejor como lo retocaste, sin duda.
Pienso que la bronca reside en hacer de lo gay un movimiento social. Al verlo de esa manera, y al apelar a una identidad colectiva que sólo se hace visible por contraposición estructural, en este caso, respecto a la virilidad de la heterosexualidad masculina, lo gay pierde su singularidad y su diferencia. Lo queer ofrece demarcar diferencias al interior de lo gay -y de sus variantes-, y lejos de significar un movimiento que se contrapone a lo heterosexual masculino, lo queer matiza las diferencias singulares al interior de lo gay, y eso es lo que les permite tener una referencia de su singularidad -siempre al interior de lo queer-.
Pienso que lo queer correría el peligro de volverse una salchicha que integra en un mismo mote todas las diferencia que demarca, sobretodo, si pretende contraponerse o asirse como un estandarte representativo del movimiento social de lo gay, homo, lesbo, trans, bi etc. La movilidad de lo gay, homo, lesbo, trans, bi, es decir, a nivel colectivo, siempre entrará en dualismos y se marginalizará si pretende cohesionarse bajo una estructura representativa o identidad social que le dé la gracia de definirla.
En estos devenires ya no hay identidad, ya que la identidad es un término expelido por una visión antropolóigica colonialista, la cual supone un punto de referencia que jerarquiza las culturas y que dice: "tu identidad es ésta". La identidad siempre es una imposición desde afuera, una imposición que coloniza la singularidad a nivel colectivo, borrándo las diferencias que se encuentran al interior de un modo de vida.
Un activismo gay siempre se topará con este asunto, ya que apelaría a la representación molar de su condición -y de hecho esa apelación reforzaría la condición de mayoria que ostenta la virilidad heterosexual masculina-.
Por ejemplo, se podría decir que uno de los problemas de las feministas activas es que al movilizarse en su lucha por lograr una representación colectiva, radicalizan su posición a tal grado que pierden de vista las diferencias que constituyen lo femenino al interior de lo fenemino. Es decir que pierden de vista su singularidad. Esto termina por reforzar la dominación social contra la que luchan activamente, es decir, reafirman la dominación masculina.
Tanto la virilidad heterosexual masculina tradicional como la dominación masculina -que para el caso son la misma cosa- son construcciones sociales históricamente determinadas que se han alzado históricamente como mayoría, lo que es decir que han tenido historicamente a su favor a la propia historia. La redundancia de lo histórico no es gratuita, ya que son formaciones de poder que poco tienen que ver con lo fisiológico: y es que no sólo los hombres, sino las mujeres, los gays, los homos, los trans, las lebos, etcétera, puede reproducir los esquemas de la virilidad heterosexual masculina, es decir, los esquemas de la violencia simbólica de la dominación masculina.
En este sentido la mayoría no remite a una cuantificación, sino a los esquemas prácticos de acción cualificable socialmente: esos esquemas son configuraciones más o menos estables que hacen a la mayoría. Pueden haber minorías mucho más numerosas que la mayoría, pero no es sino su singularidad y su demarcación de diferencias lo que la hace temblar, no su número.
A propósito de la dominación masculina, tengo unos apuntes que se refieren sólo a la cuestión de género, no tocan la cuestión de lo queer, pero me parece que estaría compartirlos próximamente en Filum a propósito de los autores que ando introduciendo en mi Filum maquínico. Por cierto que Bourdieu tiene algunas entrevistas respecto a lo gay que pueden resultar también interesantes, por lo que incluiré alguna.
Cosmodelia, me llama la atención tu activismo...
:)
saludos
Un saludo muy cariñoso, Cosmodelia, y mis mejores deseos para 2006, para ti y los comentaristas de este blog.
Un besito
Hannah
Publicar un comentario en la entrada
Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Home