lunes, diciembre 13, 2004

¡Asaltemos los estudios de la realidad!


He encontrado en castellano un estimulante y fresco texto de William Burroughs, Los límites del control, que sólo conocía en su versión original en inglés, como parte de su libro de ensayos The adding machine, publicado en 1985.
La conclusión de Burroughs sobre las sociedades de control de su época era la siguiente:

No puede haber duda de que una revolución cultural de dimensiones sin precedentes ha tenido lugar en Norteamérica durante los últimos treinta años, y puesto que Norteamérica es ahora el modelo para el resto del mundo occidental, esta revolución es mundial. Otro factor son los mass media, que extienden todos los movimientos culturales en todas direcciones. El hecho de que esta revolución mundial haya tenido lugar indica que los controladores han sido forzados a hacer concesiones. Naturalmente, una concesión es aún la retención del control. Toma diez centavos, me quedo un dólar. Suavizamos la censura, pero recordad que podemos recuperarlo todo. Bien, en este punto, eso es cuestionable.
La concesión es otra atadura del control. La historia muestra que una vez que un gobierno comienza a hacer concesiones está en una calle de dirección única. Desde luego, podrían recuperar todas las concesiones, pero eso les expondría al doble riesgo de la revolución y al peligro mucho mayor del fascismo abierto, ambos altamente peligrosos para los controladores de hoy. ¿Surge alguna política clara de este mar de confusión? Probablemente la respuesta es no. Los
mass media han demostrado ser un instrumento de control de poca confianza e incluso traicionero. Es incontrolable debido a su necesidad de NOTICIAS. Si un diario o una cadena de diarios propiedad de la misma persona hace de una historia algo caliente como para NOTICIAS, algún diario lo recogerá. Cualquier imposición de la censura del gobierno sobre los media es un paso en dirección al control del Estado, un paso que el gran capital está poco dispuesto a tomar.
No pretendo sugerir que el control se derrota a sí mismo automáticamente, ni que la protesta sea por ello innecesaria. Un gobierno nunca es tan peligroso como cuando se embarca en una carrera hacia la propia derrota o abiertamente suicida. Es alentador que algunos proyectos de modificación de la conducta hayan sido expuestos y detenidos, y desde luego esa exposición y publicidad podría continuar. Me permito decir que tenemos derecho a insistir en que toda investigación científica esté sujeta a examen público y en que no debería haber nada parecido a la investigación de «alto secreto».


Zizek, en las entrevistas mencionadas en la entrada anterior de este mismo blog, describe cómo se ejerce hoy el control en el Imperio, afectándonos por imitación, seducción o por la fuerza a todos:

Ahora se trata de lo contrario, si no buscas el placer, si no estás dispuesto a gozar, te sientes culpable. Y no estoy hablando de una hipótesis abstracta. Me encuentro todo el tiempo con psicoanalistas que me dicen que ésa es la razón por la cual la gente acude a la consulta. Se sienten culpables de no gozar lo suficiente. La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: "gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar". La paradoja de la sociedad permisiva es que nos regula como nunca antes. Yo no confío en esa idea liberal según la cual el Estado fue superado por el mercado, por las grandes compañías. Nunca antes un aparato estatal fue más fuerte ni tuvo un control más absoluto sobre su propia población que el de EE.UU. [...] EE.UU. no funciona como el imperio romano. A muchos les gusta hacer este paralelo. Pero el imperio romano entregaba la ciudadanía a todos aquellos bajo su órbita. EE.UU. funciona distinto: controla al mundo para que no explote.

El artículo de Burroughs, Los límites del control, a pesar de haber sido publicado en 1985, mantiene, casi diez años más tarde, gran parte de su vigencia. Vemos que tanto la expresión como la denuncia de las sociedades de control ha tenido continuidad. Deleuze tomó está expresión de Burroughs, por ejemplo en su Posdata sobre las sociedades de control, introduciéndola en los debates de la filosofía y la biopolítica, mientras en los sectores críticos y activistas de Internet continúa la reflexión sobre cómo destruir, o al menos inutilizar o desactivar, los sistemas del control, las máquinas de guerra contra los cuerpos, mentes y la libertad del individuo, o contra pueblos enteros.


Lost Game ::: Kenji Kiratori

Lo importante es comprender cómo funcionan las sociedades de control contemporáneas, y cómo podemos oponernos a ellas, cómo debilitar ese control que tiene vocación de totalitario, introduciéndose en todos los aspectos de la vida social e íntima. Los pensadores activistas que como Foucault empezaron a proponer una lucha biopolítica contra el biopoder sabían de lo que hablaban. Durante miles de años, el hombre ha permanecido siendo lo que era ya para Aristóteles: un animal vivo y, además, capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en la política cuya vida, en tanto que ser vivo, está en cuestión , escribía Foucault en La volonté de savoir, añadiendo en otro de sus escritos que en la nueva definición del poder como biopoder, no se dan relaciones de identidad, sino que deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. Negri, retoma estos conceptos bio en su libro que más me ha gustado: Del retorno : abecedario biopolítico, y en su última obra con Hardt: Multitud. Habla de ellos y de Foucault por ejemplo en esta entrevista, La multitud se pone como sujeto revolucionario.

También recientemente, y desde otro lugar, Marcos iba un paso más allá y escribía en ¡Oximoron! (la derecha intelectual y el fascismo liberal): La transformación de una realidad no es tarea de un solo actor, por más fuerte, inteligente, creativo y visionario que sea. Ni solos los actores políticos y sociales, ni solos los intelectuales pueden llevar a buen término esa transformación. Es un trabajo colectivo. Y no solo en el accionar, también en los análisis de esa realidad, y en las decisiones sobre los rumbos y énfasis del movimiento de transformación. Cuentan que Miguel Ángel Buonarroti realizó su David con serias limitaciones materiales. [...] De la misma forma, el mundo que queremos transformar ya ha sido trabajado antes por la historia y tiene muchas horadaciones. Debemos encontrar el talento necesario para, con esos límites, transformarlo y hacer una figura simple y sencilla: un mundo nuevo.


William Burroughs en El Tiquet que explotó [Minotauro] nos ofrecía ya en 1962 una escalofriante profecía, una visión de pesadilla con hombres de ciencia y tropas de combate, publicistas y embusteros cuyo engañoso lenguaje se ha extendido como una infección incurable contra la que proponía nada más y nada menos que localizar y asaltar los estudios de la realidad, los lugares donde el poder construye ese constructo que los ciudadanos y ciudadanas, convertidos en súbditos o en una masa acrítica de consumo de bienes y desinformación, toman por realidad.
Sin embargo, no caigamos en el peligro de creernos porque sí fuera y libres del virus control o inmunes a una dominación a la que también quienes tratamos de detectarla y destruirla estamos expuestos, amenazad*s desde el espacio interior y desde el exterior.
Por no hablar de otro peligro, después de haber visto a tantos caer en la tentación de actúar como doble agente o directamente traidor: El intelectual progresista está debatiéndose continuamente entre Narciso y Prometeo. En veces la imagen en el espejo lo atrapa y empieza su inexorable camino de trasmutación en un empleado más del megamercado neoliberal. Pero en veces rompe el espejo y descubre no solo la realidad que está detrás del reflejo, también a otros que no son como él pero que, como él, han roto sus respectivos espejos. (¡Oximoron!)

Esta nueva web: Reality Studio, recopila información tomada de la obra de Burroughs que puede sernos útil, y se suma a los esfuerzos de Interzone y sus diferentes secciones, entre las que se cuentan la Interzone Library y la red creativa de zoners: Interzone Creations.


Invasion ::: Kenji Siratori

En este interesante artículo de Fulkro: Reflexiones en torno a la sociedad de control, partiendo de la obra de autores como Burroughs, Deleuze, Foucault, Negri, etc, el autor llega a estas dinámicas conclusiones proactivas:

De hecho, las estrategias flexibles de la sociedad de control serían difícilmente viables sin el desarrollo electrónico e informático. [...] Pese a todo, parece que el poder sigue siendo incapaz de imponer una ley y un orden universal que no precise de la amenaza y del castigo, lo que acaso se debe a que no es tan sólido e incuestionable como él mismo se cree (o trata de hacernos creer). Conviene anotar también, para no pintar un horizonte de control omnímodo demasiado pesimista, que los sistemas complejos, si bien se muestran cada vez más invulnerables a las modos tradicionales de resistencia, pueden colapasarse irreversiblemente a partir de formas locales y muy minoritarias de respuesta, provocando reacciones en cadena a partir de fuerzas despreciables o de errores infinitesimales. Por ejemplo, cuanto mayor es la dependencia del mando con respecto a los ordenadores, también le hace más vulnerable a formas de sabotaje anónimas, nada estridentes y muy difíciles de localizar, como la entrada en redes informáticas restringidas, los virus informáticos, el pirateo y otras formas de sabotaje con que los hackers desafían al Estado y a las grandes corporaciones privadas.
Además, el espacio social autónomo que va sustituyendo a las viejas instituciones normativas requiere de la colaboración individual consciente –ya que deja de existir un centro consciente diseñador de estrategias– e incluso, como sugiere Henri Atlan, precisa de errores y disfunciones para subsistir, lo que se convierte en una tarea progresivamente más difícil de llevar a la práctica sin dificultades, a causa de la tremenda y creciente complejidad del propia sistema.
Por su parte, las tecnologías de la información tienen una doble cara y permiten múltiples usos alternativos que –sin caer en «utopías informáticas»– no deberíamos desdeñar, como son la transmisión y recepción inmediata de información a cualquier parte, la comunicación sin mediaciones a través de redes de ordenadores conectados telefónicamente, la posibilidad de tener acceso a datos, tratarlos, hacer trabajos de autoedición como esta revista, dar pie a la expresión creativa a través de una herramienta que ofrece posibilidades que antes no estaban a nuestro alcance, o que costaban mucho dinero y, sobre todo, desmitificar los ordenadores mismos y no dejarse apabullar por la imagen mítica e interesada de artefactos todopoderosos y malignos.
De hecho, hay un número indeterminable de usuarios de las redes informáticas que están ya utilizando esa tecnología con fines no siempre relacionados con el trabajo, ocupándose de intereses particulares ajenos a la empresa, estableciendo espacios autónomos con relaciones laterales, no jerárquicas, entre ellos e, incluso, propiciando actividades antagonistas en el interior de esas redes oficiales. Situación compleja donde gravitan lógicas de ruptura y discontinuidad social y donde se atisba una imbricación en el seno de lo social entre dos flujos divergentes: uno que trata de conservar y canalizar lo instituido y otro que lo desborda, lo desprograma y lo disuelve. Ambas lógicas a menudo convergen y chocan en sujetos sociales anómalos e innovadores, lo que puede llegar a producir cortocircuitos y apagones en el propio mando.

En fin, todo un nuevo imaginario social que provoca un movimiento incesante, discontinuo y difuso, de tipo
molecular, entre sujetos y masas grupales, articulando nuevas y movedizas figuras de lo social (que no son identidades ni bloques sociales), contrafuegos y respuestas locales, que a menudo hace definitivamente inservibles las viejas categorías al uso de izquierda/derecha, manual/intelectual, individual/colectivo, etc.
Acaso estemos ante una mutación de lo social, surgida en un espacio sin referencias: un espacio alejado de las tradicionales formas organizativas representativas y jerárquicas (partido o sindicato), pero también ajeno a la mítica del enfrentamiento simétrico con el Estado o a las lógicas de carácter decimonónico (compromiso activista, agrupamientos contractuales, programas de futuro) que todavía atraviesan y configuran nuestro cotidiano insumiso.

1 Comentarios:

Blogger chinaski said...

En todos los libros de Burroughs está latente esa idea del control personificada de diferentes formas, y de ahí a su característico estado de paranoia.

Buen texto, gracias por compartirlo.

12/14/2004 08:08:00 AM  

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