viernes, septiembre 03, 2004

William Burroughs ::: La máquina blanda


No hace falta más que un hombre que rechace toda esta mierda, y puede desaparecer para todos. [WSB]

William S. Burroughs (1914-1997) es una de los mayores hitos de la literatura del siglo XX. Uno de los grandes de la contracultura norteamericana, incluido erróneamente en la generación beat de Kerouac y Ginsberg; homosexual a ultranza, considerado en ocasiones misógino; longevo drogadicto (suya es la popularización del termino yonqui y la defensa de la apomorfina como "vacuna" o tratamiento contra la drogadicción); viajero impenitente, especialmente por países del norte de África, Centroamérica y Sudamérica; amigo de Paul y Jane Bowles y del círculo de Tánger; difusor de técnicas literarias vanguardistas como el cut-up (el montaje aplicado a la escritura); creador de máquinas alteradoras de la conciencia como la Dreamachine; "abuelo" orgulloso del punk y "padre" del heavy metal; exiliado interior y exterior; tantas cosas...

Su influencia en la cultura de la segunda mitad del siglo XX, especialmente entre la vanguardia, es abrumadora y puede rastrearse en múltiples campos, incluido el arte (Andy Warhol), la poesía (John Giorno), el cine (David Lynch) o la música (Velvet Underground, Patti Smith), por citar sólo algunos de los numerosos ejemplos que serían posible dar.





La máquina blanda [Minotauro] es una de sus obras capitales del periodo más fecundo de su producción (la primera mitad de los 60) y aunque no tiene el carácter rompedor de El almuerzo desnudo [Anagrama] ni posee la energía salvaje de Nova Express [Minotauro], no es menos cierto que sigue siendo una de sus grandes novelas.

Visto todo esto conviene ir dando algunos avisos sobre lo que nos podemos encontrar en este libro. Primero y más importante:
no es una lectura fácil; todo lo contrario, es ardua y compleja. Burroughs posee un espíritu críptico y sugerente, y en ningún caso tiene el menor interés en convertirse en un autor al alcance de cualquier leyente. Su estilo ha sido definido como surrealista, lo que no deja de ser un error. Burroughs no utiliza la técnica de la escritura automática que preconizaban André Breton y sus seguidores. A pesar de la ruptura con el lenguaje ordinario que suponen sus textos basados en las técnicas del cut-up, es posible siempre captar sugerencias, entender algunos temas de fondo, algunas tendencias, resonancias. Burroughs más bien pretende realizar algo parecido a la pintura abstracta: sus libros, a pesar del aparente caos, están llenos de imágenes de una sobrecogedora belleza, de frases de las que se te quedan grabadas a fuego en la mente aunque sea muy difícil descubrir un protagonista claro o, siquiera, un atisbo de trama a la manera tradicional. Son frecuentes los saltos tanto en el espacio como en el tiempo. Estamos ante una literatura que modifica la percepción ordinaria del mundo.

Quizás algunos ejemplos ayuden a entender algunas de estas afirmaciones. Éste de aquí es un párrafo sacado al azar del libro (página 49):

El portal en llamas blancas - Respuesta inmediata al muchacho se despierta desnudo - ¿Está boca abajo? - Ah eso y una frescura de hierro en la boca - Ven a verme esta noche en espasmos dislocadores -

Realmente raro ¿verdad? Muchos han atribuido este tipo de escritura al continuo abuso de toda clase de drogas y, desde luego, leer páginas y páginas así acaba teniendo un efecto muy parecido al de un viaje de LSD. Ahora bien, no es ésta la única respuesta. Hay otras obras de Burroughs con un estilo más clásico, Yonqui [Anagrama], e incluso en el libro que ahora comentamos hay un capitulo entero (La Treta Maya) completamente normal.
Queda claro que nuestro autor hace todo esto de una forma intencionada, quizás por una cuestión estética, o quizás por afán de ruptura con las trampas del lenguaje, que Burroughs consideraba un auténtico virus que ha corrompido al ser humano (su escritura y los cutups los consideraba armas efectivas contra el sistema de control imperante en nuestras sociedades), una huida de nuestras nociones del tiempo y el espacio, una voluntaria demolición de la narrativa lineal.

En cualquier caso, y como cualquier leyente abierto a la sorpresa puede percibir, Burroughs siempre logra, gracias a estas técnicas literarias inspiradas por la técnica de los collages y montajes gráficos de Brion Gysin, frases tan brillantes como: Asaltar los Estudios de la Realidad y volver a filmar el universo. O imágenes tan poderosas como esa raza de escorpiones genéticamente alterados para que en vez de veneno inyecten directamente heroína a las venas de los adictos.

Segundo aviso: a Burroughs le encanta lo sórdido, lo sucio, lo prohibido, lo pornográfico. En este sentido el libro no es apto para paladares delicados. Las escenas más explícitas (rozando muy a menudo lo desagradable) de sexo homosexual, prostitución masculina (con un ambiguo aire de pederastia), violencia brutal y yonquis en medio de la calle pasando el mono, salpican las páginas del libro, llegando a veces a convertirse en una presencia abrumadora (como muestra el capitulo Películas de 1920).

En resumen, ¿de qué este libro? Es complicado de decir. La falta de trama lineal sólo permite hablar de grandes temas que surgen y se desvanecen a lo largo de la obra. En cierta forma, toda la novela puede verse como una gigantesca metáfora. La máquina blanda que da título al libro sería nuestro cuerpo incapaz de alcanzar la trascendencia debido a sus necesidades o, más bien, sus excesos, fundamentalmente drogas y sexo extremo. Claro que Burroughs considera que esta situación no es algo inherente a la condición humana, sino que es potenciada y manipulada por los gobiernos y las multinacionales para conseguir un mayor control de la sociedad. Frente a esta situación, Burroughs parece abogar por un ejercicio de lucha activa contra el sistema, ya sea mediante la violencia, artefactos como la Dreamachine o el arte. Su obra, por tanto, no es un simple entretenimiento sino un ejemplo claro de dicho combate.

¿Y la ciencia-ficción qué tiene que ver con esta obra? Bueno, hay aliens (o por lo menos seres que no son del todo humanos) y viajes en el tiempo (cómo no, con una técnica harto desagradable). De hecho varios capítulos giran alrededor de viajes a la antigua cultura maya, que es vista como otro ejemplo de manipulación social por parte de la clase dominante (un inciso, gran parte del libro está ambientado en Latinoamérica).

En cualquier caso, la influencia de Burroughs caló bastante entre los escritores de la new wave, que unos años más tarde iban a revolucionar el género. Ballard, Aldiss y Moorcock son algunos de sus defensores más fieles. También la gran novela cyberpunk Neuromante de William Gibson debe mucho a la obra de Burroughs, según confesó su autor en una conversación con Timothy Leary. Su influencia puede incluso rastrearse hasta los 70 en la obra de Delany.

Conclusión: un libro sólo apto para valientes e inconformistas, en busca de una escritura diferente y perturbadora.

Texto: cut-up de artículos, libros y conversaciones sobre WSB

Enlaces:

Esta Cut-up Machine online permite explorar las técnicas literarias de Burroughs/Gysin.

Más información, proyectos creativos a la Burroughs/Gysin y multitud de enlaces en Interzone

Paraísos artificiales ::: El relato blando

William Burroughs y la generación beat

The Soft Machine ::: Review

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Le Psyber Café

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Libros online de WSB y otros autores imprescindibles

1 Comentarios:

Blogger chinaski said...

qué buen artículo.

a mí también se me venía burroughs a la cabeza a cada rato cuando leía neuromante.

9/04/2004 11:01:00 AM  

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