El apocalipsis en la novela norteamericana. Panorama cínico.
Nathanael West
Comenzaré con una novela que recomendaba Harold Bloom en su magnífica obra "didáctica" Cómo leer y por qué; gracias a este libro conocí y leí (y disfruté más de otros que ya conocía) obras señeras de la literatura de todos los tiempos. En este sentido, él y Vargas Llosa son muy buenos y ayudan a un montón de gente, estoy pensando en La verdad de las mentiras también.
Miss Lonelyhearts es una feroz novela corta de Nathanael West, y me pregunto qué clase de vida llevaría este hombre, que murió a los 37 años (1940), en un accidente de coche. Porque por esa ironía implacable que destila su obra, no creo que fuera una vida cómoda, precisamente. West refleja, en esa época (años 30) el nuevo mundo del que somos directos herederos. Una Norteamérica, concretamente, con una nueva religiosidad: ahora telepredicadores y stars de Hollywood y del mundopop, antes gente como el periodista protagonista, alguien incapaz de creer, un ser perdido y que a pesar de todo quiere ayudar a los demás. Como se dice en los capítulos previos al desenlace fatal, lo que le hace falta es un poco de humildad. No esa escapada al campo, de la que vuelve igual (como pretendía su amiga Betty), ni ninguna otra evasión, nada de eso sirve (como le dictamina su demonio Shrike, en el capítulo "... en el pantano sombrío"--me gusta más la traducción "de la depresión"). ¿Es el propio West quien habla por boca de este "pájaro-carnicero"? No hay más salidas que..., las que puede proporcionar el alcohol (S. es alcohólico).
Llama la atención el lenguaje escueto y agresivo que utiliza W., las metáforas y comparaciones, crueles muchas veces, que salpican la narración. Nada se libra de ese expresionismo tenebroso, hipercínico, que arrastra con todo: por donde quiera que se mire, no hay más que trazos de hombres (ver la descripción "letal" del lisiado Peter Doyle, su "verdugo" final), sombras cuasioníricas (v.g. descripción de la multitud neoyorquina, "Mrs. Lonelyhearts retorna"). Los diálogos, ¿qué mayor negrura y desencanto? No hay oasis, no hay normalidad que no sea esta constante alteración de la mente y los sentidos, como en una pesadilla. Si bien Shrike lleva la voz cantante, Goldsmith (compañero de trabajo), o l@s que escriben las cartas, también dan muy buenos ejemplos de sarcasmo y alienación radical: trabajo inestable, abusos sexuales, deseo siempre insatisfecho, etc.
Shrike lo dice muy bien, en una frase soberbia:
--Goldsmith, eres el producto asqueroso de esta edad descreída. No puedes creer, sólo puedes reír. Lo tomas todo con un puñado de sal y olvidas de que la sal es enemiga tanto del fuego como del hielo. Ten cuidado, la sal que usas no es sal ática, es sal gorda de carnicero. No conserva; mata.(p. 115).
La amargura de los que le rodean acaba afectándole (a M. L.), y es curiosamente esa "falsa salida" (cap. 9), el único momento "feliz" de la historia, en ese capítulo apenas encontramos el tono de parodia que abunda en el resto. Incluso hallamos una imagen idílica, unos ciervos que se acercan al estanque de la propiedad y empiezan a comer nenúfares. Esto se convierte en el relato posible de su vida, frente a la burla de Shrike a propósito del vitalismo sexual à la D. H. Lawrence (pp. 88-89).
La edición creo que es Alianza Editorial (lo leí hace algún tiempo, ahora no recuerdo bien), pero está también incluida en Bruguera, 1983, dentro de su Narrativa completa. Otra novela conocida suya es The day of the Locust. No obstante, como ésta, no hay ninguna.
Juan Antonio Ramírez


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