24 de octubre de 2013

¿El escritor como marca?

Nos han reenviado un correo bastante esclarecedor procedente de Amazon. Explica bastante bien el estado de la ficción contemporánea, y muestra qué podemos esperar de la llamada "Generación Kindle". 

El siguiente texto forma parte del Boletín Informativo Octubre 2013 Volumen 22 enviado a los escritores que publican en Amazon Kindle. No hacen falta muchos comentarios.



CONSEJO DE MERCADEO
Tu marca es una comunidad De Richard Ridley

Me gustaría decirte lo maravilloso que soy. Soy un escritor excelente. He ganado demasiados premios como para enumerarlos. He vendido un montón de libros. Puedo hacer 10 flexiones sin tomar aliento, y aunque no puedo correr un kilómetro y medio en cuatro minutos, puedo conducirlo en un minuto y medio desde que arranco. Si crees que he perdido la cabeza, permíteme asegurarte que simplemente intento exponer un punto de vista. Si utilizas medios sociales para desarrollar tu marca, no puedes hacerlo de forma demasiado intensa. Debes mantenerte alejado del enfoque "yo-yo-yo". Los medios sociales giran en torno a desarrollar una comunidad. En lugar de crear algo que solo se dedique a ti, haz que también se dedique a tus amigos, seguidores y lectores. Son los que en última instancia serán responsables de tu éxito, así que trátalos como se merecen.

A menudo veo que los autores se centran en sí mismos. Lo entiendo. Es su plataforma, y esperan atraer la atención hacia sí mismos y sus libros. Pero en el mundo actual impulsado por los medios sociales, tu marca es el centro de una comunidad. Puede que tu función como autor sea lo que ha reunido a esta comunidad, pero muchas otras partes y personalidades a los que deberías dedicar tiempo y esfuerzo para que destaquen.

Una vez centrado en la comunidad, prueba una de estas tácticas: permite que un fan gestione tu blog con publicaciones de invitados durante un día. Incluye una publicación de un "fan de la semana" en Facebook o Twitter. Comparte o reenvía tweets de los enlaces de tus seguidores que se identifiquen contigo. En otras palabras, busca formas de compartir el protagonismo con las personas que apoyan tu carrera. Al hacerlo, le das a tus fans más motivos para participar en tu comunidad, y estarán más dispuestos a compartir sus experiencias positivas con sus amigos, seguidores y familias. Traducción de un artículo proporcionado por cortesía de CreateSpace.com

6 de octubre de 2013

[Revival] Idoru de William Gibson


nuevas formas de belleza:
amor cyborg, futuridad y emergencia


Idoru [Minotauro, 1996], es una de las más brillantes novelas de William Gibson. Ahora que el cyberpunk parece haber pasado de moda, no está de más rescatar obras como esta. Idoru tiene como protagonista a un músico/estrella mediática, Rez, que ha decidido casarse con Rei Toei, una idoru, una pop-star virtual, un constructo de software. Su propio club de fans y su alter ego corporativo, la sociedad que se encarga de sus finanzas y de la gestión de su imagen-fama, están alarmados porque no logran ver el significado ni la trascendencia de esta supuesta locura. Rez se propone unirse a la Idoru en un espacio aún no conocido, un lugar en el que la relación entre un humano y una máquina pueda llegar a alcanzar una intimidad y un placer -¿espiritual?- nunca antes soñados... Un matrimonio alquímico, dice Gibson; Peter Sloterdijk habla de poligamias ontológicas...



Portada de la edición japonesa

Rei Toei, la Idoru, es el resultado de una serie de elaborados constructos que sus programadores denominan máquinas deseantes... como un agregado de deseos subjetivos... una arquitectura de anhelos articulados... (Idoru: 234) Cuando Rez trata de explicar su amor, habla de evolución, tecnología y pasión. "El ser humano necesita encontrar belleza en el orden emergente." (Idoru: 187)

Para hacer posible la unión alquímica, Rez y la Idoru se hacen construir un soporte material, arquitectónico. Se trata de una isla circular (nota: representación gráfica del kernel de linux), que Gibson introduce tan solo de forma marginal, intuyendo la necesidad y/o la emergencia de este tipo de nuevos lugares, sin llegar a saber bien qué o cómo podrían llegar a ser. En fragmentos dispersos, el autor nos ofrece pistas que llegan desde el futuro de la imaginación: Un relleno nanotecnológico en la bahía de Tokyo, construido con la mediación de los hackers de la República del Deseo como trasunto de su ciudad-MUD prohibida de la Red, - que a su vez se inspiraba en Hak Nam - una favela mítica situada en tierra de nadie entre Hong Kong y la China demolida a mediados de los 90 -; un lugar para el amor cyborg, a la vez, espacio carnal y agenciamiento de los afectos y la inteligencia global de la Red; un nuevo tipo de lugar que recuerda los ensueños situacionistas: La arquitectura del futuro será un medio de conocimiento y de acción... Habitaciones que harán soñar mejor que cualquier droga, y casas en las que sólo sea posible amar... Otra ciudad para otra vida.

Finalmente, cuando Laney pregunta al Sr. Kuwayama, el CEO de Famous Aspect, la empresa que produce a la Idoru, "Pero, ¿de que va todo esto?" El ejecutivo le contesta: "Esto va de futuridad, Sr. Laney." (Idoru: 313)

11 de julio de 2013

[Reseña] La máquina blanda de William Burroughs


No hace falta más que un hombre que rechace toda esta mierda, y puede desaparecer para todos. [WSB]

William S. Burroughs (1914-1997) es una de los mayores hitos de la literatura del siglo XX. Uno de los grandes de la contracultura norteamericana, incluido erróneamente en la generación beat de Kerouac y Ginsberg; homosexual a ultranza, considerado en ocasiones misógino; longevo drogadicto (suya es la popularización del termino yonqui y la defensa de la apomorfina como "vacuna" o tratamiento contra la drogadicción); viajero impenitente, especialmente por países del norte de África, Centroamérica y Sudamérica; amigo de Paul y Jane Bowles y del círculo de Tánger; difusor de técnicas literarias vanguardistas como el cut-up (el montaje aplicado a la escritura); creador de máquinas alteradoras de la conciencia como la Dreamachine; "abuelo" orgulloso del punk y "padre" del heavy metal; exiliado interior y exterior; tantas cosas... Su influencia en la cultura de la segunda mitad del siglo XX, especialmente entre la vanguardia, es abrumadora y puede rastrearse en múltiples campos, incluido el arte (Andy Warhol), la poesía (John Giorno), el cine (David Lynch) o la música (Velvet Underground, Patti Smith), por citar sólo algunos de los numerosos ejemplos que serían posible dar.

La máquina blanda [Minotauro] es una de sus obras capitales del periodo más fecundo de su producción (la primera mitad de los 60) y aunque no tiene el carácter rompedor de El almuerzo desnudo [Anagrama] ni posee la energía salvaje de Nova Express [Minotauro], no es menos cierto que sigue siendo una de sus grandes novelas.

Visto todo esto conviene ir dando algunos avisos sobre lo que nos podemos encontrar en este libro. 

Primer aviso y más importante: no es una lectura fácil; todo lo contrario, es ardua y compleja. Burroughs posee un espíritu críptico y sugerente, y en ningún caso tiene el menor interés en convertirse en un autor al alcance de cualquier leyente. Su estilo ha sido definido como surrealista, lo que no deja de ser un error. Burroughs no utiliza la técnica de la escritura automática que preconizaban André Breton y sus seguidores. A pesar de la ruptura con el lenguaje ordinario que suponen sus textos basados en las técnicas del cut-up, es posible siempre captar sugerencias, entender algunos temas de fondo, algunas tendencias, resonancias. Burroughs más bien pretende realizar algo parecido a la pintura abstracta: sus libros, a pesar del aparente caos, están llenos de imágenes de una sobrecogedora belleza, de frases de las que se te quedan grabadas a fuego en la mente aunque sea muy difícil descubrir un protagonista claro o, siquiera, un atisbo de trama a la manera tradicional. Son frecuentes los saltos tanto en el espacio como en el tiempo. Estamos ante una literatura que modifica la percepción ordinaria del mundo.

Quizás algunos ejemplos ayuden a entender algunas de estas afirmaciones. Éste de aquí es un párrafo sacado al azar del libro (página 49):

El portal en llamas blancas - Respuesta inmediata al muchacho se despierta desnudo - ¿Está boca abajo? - Ah eso y una frescura de hierro en la boca - Ven a verme esta noche en espasmos dislocadores -

Realmente extraño, ¿verdad? Muchos han atribuido este tipo de escritura al continuo abuso de toda clase de drogas y, desde luego, leer páginas y páginas así acaba teniendo un efecto muy parecido al de un viaje de LSD. Ahora bien, no es ésta la única respuesta. Hay otras obras de Burroughs con un estilo más clásico, Yonqui [Anagrama], e incluso en el libro que ahora comentamos hay un capitulo entero (La Treta Maya) completamente convencional. Queda claro que nuestro autor hace todo esto de una forma intencionada, quizás por una cuestión estética, o quizás por afán de ruptura con las trampas del lenguaje, que Burroughs consideraba un auténtico virus que ha corrompido al ser humano (su escritura y los cutups los consideraba armas efectivas contra el sistema de control imperante en nuestras sociedades), una huida de nuestras nociones del tiempo y el espacio, una voluntaria demolición de la narrativa lineal.

En cualquier caso, y como cualquier leyente abierto a la sorpresa puede percibir, Burroughs siempre logra, gracias a estas técnicas literarias inspiradas por la técnica de los collages y montajes gráficos de Brion Gysin, frases tan brillantes como: Asaltar los Estudios de la Realidad y volver a filmar el universo. O imágenes tan poderosas como esa raza de escorpiones genéticamente alterados para que en vez de veneno inyecten directamente heroína a las venas de los adictos.

Segundo aviso: a Burroughs le encanta lo sórdido, lo sucio, lo prohibido, lo pornográfico. En este sentido el libro no es apto para paladares delicados. Las escenas más explícitas (rozando muy a menudo lo desagradable) de sexo homosexual, prostitución masculina (con un ambiguo aire de pederastia), violencia brutal y yonquis en medio de la calle pasando el mono, salpican las páginas del libro, llegando a veces a convertirse en una presencia abrumadora (como muestra el capitulo Películas de 1920).

En resumen, ¿de qué va este libro? Es complicado de decir. La falta de trama lineal sólo permite hablar de grandes temas que surgen y se desvanecen a lo largo de la obra. En cierta forma, toda la novela puede verse como una gigantesca metáfora. La máquina blanda que da título al libro sería nuestro cuerpo incapaz de alcanzar la trascendencia debido a sus necesidades o, más bien, sus excesos, fundamentalmente drogas y sexo extremo. Claro que Burroughs considera que esta situación no es algo inherente a la condición humana, sino que es potenciada y manipulada por los gobiernos y las multinacionales para conseguir un mayor control de la sociedad. Frente a esta situación, Burroughs parece abogar por un ejercicio de lucha activa contra el sistema, ya sea mediante la violencia, artefactos como la Dreamachine o el arte. Su obra, por tanto, no es un simple entretenimiento sino un ejemplo claro de dicho combate.

¿Y la ciencia-ficción qué tiene que ver con esta obra? Bueno, hay aliens (o por lo menos seres que no son del todo humanos) y viajes en el tiempo (cómo no, con una técnica harto desagradable). De hecho varios capítulos giran alrededor de viajes a la antigua cultura maya, que es vista como otro ejemplo de manipulación social por parte de la clase dominante (un inciso, gran parte del libro está ambientado en Latinoamérica).

En cualquier caso, la influencia de Burroughs caló bastante entre los escritores de la new wave, que unos años más tarde iban a revolucionar el género. Ballard, Aldiss y Moorcock son algunos de sus defensores más fieles. También la gran novela cyberpunk Neuromante de William Gibson debe mucho a la obra de Burroughs, según confesó su autor en una conversación con Timothy Leary. Su influencia puede incluso rastrearse hasta los 70 en la obra de Delany.

Conclusión: un libro sólo apto para valientes e inconformistas, en busca de una escritura diferente y perturbadora.

Texto: cut-up de artículos, libros y conversaciones sobre WSB

Enlaces:

Esta Cut-up Machine online permite explorar las técnicas literarias de Burroughs/Gysin.

Más información, proyectos creativos a la Burroughs/Gysin y multitud de enlaces en Interzone





1 de julio de 2013

[Reseña] La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker

Si ha visitado recientemente una librería, probablemente le habrá sorprendido ver una montaña de libros de un autor hasta ahora desconocido en nuestras tierras: Joël Dicker. Su muy promocionada novela, La verdad sobre el caso Harry Quebert, no es sin embargo su primera obra. Joël Dicker fue galardonado en Francia en 2010 por su primera novela, Los últimos días de nuestros padres, teniendo un notable éxito de ventas.

Por razones que desconozco su primera novela no fue publicada en España, pero este verano se nos ofrece su segunda novela: La verdad sobre el caso Harry Quebert. Una enorme campaña de promoción prácticamente nos la impone. Nos la presentan como una obra maestra, un thriller incomparable, una gran novela policíaca y romántica. ¿Hay para tanto? ¿Están justificadas tantas alabanzas? Veamos...

Lo primero que nos llama la atención al iniciar la lectura es que La verdad sobre el caso Harry Quebert no es un thriller, o al menos no es lo que solemos entender por un thriller. Su prosa es ligera, pero el ritmo no es siempre ágil, ni crea los suficientes ganchos para atrapar al lector. Existe la lógica intriga por descubrir quién es el asesino de la menor, pero la novela no tiene el ritmo ni la tensión electrizante de otros thrillers.

Así que primera decepción: no es un thriller. Pero... ¿es un buen libro? La verdad sobre el caso Harry Quebert es una novela correcta, que se puede leer, pero no es ni de lejos tan buena como se nos ha presentado. Me parece que estamos en un caso claro en que el marketing puede volvérsele en contra a un libro. Si la publicidad no fuera tan exagerada, no esperaríamos tanto y no le exigiríamos que cumpliera con las expectativas creadas. Al acabarla nos damos cuenta de que no es un libro sobresaliente. Sus defectos saltan a la vista, aunque desde luego hay libros peores. La verdad sobre el caso Harry Quebert es una curiosa novela criminal mezclada con temas literarios y románticos que, como mucho, puede entretener como un libro de verano bien escrito, y que en demasiados momentos se atraganta por el exceso de páginas prescindibles.

Sin embargo La verdad sobre el caso Harry Quebert carece del valor y la originalidad que se le supone a una obra maestra. Sus páginas nos recuerdan demasiado a autores como Nabokov y su Lolita, a La mancha humana de Philip Roth, a Martin Bauman de David Leavitt o a Paul Auster, autores que por cierto, Dicker asegura no haber leído (no sé qué es peor, inspirarse en ellos sin reconocerlo o no haberlos leído). O se inspira en series como The Killing, RectifyTwin Peaks, que, adivinen, Dicker afirma no haber visto.

La verdad sobre el caso Harry Quebert se nos muestra, a poco que hayas leído buena literatura del siglo XX, y diga lo que diga Dicker, como una mezcla descafeinada de influencias variadas. Y lo peor no es dejarse influir o inspirar tanto por otros autores, sino el pobre resultado obtenido. La novela es un cóctel que no crea el suficiente interés como obra literaria, y todo lo que te encuentras en sus paginas te recuerda a algo que ya has leído o visto muchas veces: la relación del mentor y el alumno, el ir y venir entre los tres tiempos de la novela, la relación adulto solitario-atractiva menor, y la investigación en el típico pueblo estadounidense donde nunca ocurre nada, pero se vuelve amenazante en cuanto alguien investiga un crimen del pasado.

La verdad sobre el caso Harry Quebert puede interesar a ciertos lectores por sus variados temas -criminal, literario, romántico-, pero no destaca en ninguno de ellos y creará el rechazo de lectores más exigentes. Quien haya leído, por dar un ejemplo, Lolita, difícilmente encontrará digerible la empalagosa historia del treintañero profesor con la quinceañera a la que Dicker dedica páginas y páginas ñoñas y repetitivas, a años luz de la garra y fuerza narrativa de Nabokov.


Es difícil ahondar más en La verdad sobre el caso Harry Quebert sin desvelar a potenciales lectores elementos sustanciales de la trama, pero sí es posible decir que esta novela cae en pecados imperdonables en un thriller digno de ese nombre: por ejemplo aburrirnos repitiendo varias veces la misma historia, periódicas trampas al lector, o perder completamente el ritmo para recuperarlo decenas de páginas más adelante. Sin tensión no hay thriller, y Dicker es incapaz de mantenerla a lo largo de su innecesariamente extensa novela.

La verdad sobre el caso Harry Quebert dudo que interese a las verdaderas amantes de la literatura romántica o a los adictos a los thrillers más dinámicos y adictivos, y puede que interese a quienes les enganche el simple cebo de no saber quién es el asesino, a los aspirantes a escritores que encuentren útiles los consejos desperdigados a lo largo de la novela, o a quienes simplemente se dejen llevar por las modas y el marketing.

La publicidad de La verdad sobre el caso Harry Quebert  asegura que marcará un antes y un después en la novela policíaca. Esperemos que no, y que este nuevo "fenómeno literario" nos evite el fastidio de tener que ver las librerías llenas de los libros de los imitadores... del imitador Dicker.

El paso del tiempo dirá si Dicker ha llegado para quedarse en las letras como aseguran sus defensores, o si en unos pocos años nadie se acordará de él. Mi apuesta es que será un efímero éxito de ventas más. Las obras maestras no se fabrican a golpe de talonario sino con talento y originalidad, dos cualidades de la que carece Dicker, al menos en esta novela.

En 2014 Alfaguara publicará la primera novela de Dicker, Los últimos días de nuestros padres. Al menos el tema del libro parece original: la historia de una unidad de inteligencia británica encargada de entrenar a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Veremos...


Anatomía de la novela negra y el cine thriller

En estos tiempos en que se lee tanta novela negra, no viene mal contar con mapas para la travesía por un continente tan amplio como es la narrativa criminal y el cine negro.

Mariano Sánchez Soler, escritor de novela negra y al mismo tiempo teórico del género, ha diseccionado la narrativa negra, sus orígenes, el salto a la literatura española y su relación con el cine nacional e internacional. Subjetivo, apasionado y visceral, su visión compone una guía completa de este tipo de novelas y películas. Desde los orígenes, marcados por el interés por el enigma que siempre entraña la resolución de un crimen, hasta la crítica social que alumbró el nacimiento de la serie negra. Ilustrado con cubiertas y carteles de los mejores ejemplos del género, Anatomía del Crimen recomienda una amplia lista de títulos para leer y para ver. Con abundantes ilustraciones de portadas de libros y carteles cinematográficos representativos del género, Anatomía del crimen presenta una visión panorámica de la narración policiaca y propone un mapa para recorrer un paisaje a veces opaco y opresivo que habla del subsuelo y de la violencia, de la realidad social y de la conciencia individual. Un panorama que va de lo internacional a lo nacional, de Chandler y Hammet a Andreu Martín, González Ledesma o Vázquez Montalbán, de Marlowe a Plinio o a Pepe Carvalho y de la literatura a la cinematografía, para ofrecer un completo análisis de sus claves sociales y temáticas y para sugerir una lista amplia de títulos de libros y películas que forman parte del canon del género. Son las lecturas negras como el abismo y las adaptaciones cinematográficas de una narrativa ambivalente para leer y para ver. Si te gusta la novela negra, Anatomía del crimen es un libro muy recomendable. Y como para saber si un plato nos va a gustar, no hay nada mejor que degustar un bocado, aquí les dejo un extracto del libro:

En un prólogo para la historia, Manuel Vázquez Montalbán escribió un texto para presentar la antología Negro como la noche, coordinada por Manuel Quinto, en la estábamos incluídos todos los cultivadores del género negro de la década de los noventa. Nosotros, "los mirones del subsuelo". En la capital del imperio: Juan Madrid, Andreu Martín, Pérez Merinero, Julián Ibañez... En Barcelona, Andreu Martín, Franciso González Ledesma, Jaume Fuster, Manuel Quinto, Jaume Ribera, José Luís Muñoz, David C. Hall... Incluso Eduardo Mendoza y Jaume Lacruz se dejaron ver en alguna ocasión. Entre copa y copa. Con una fantasmal Asociación Española de Escritores Policíacos que jamás llegó a zarpar realmente, mientras los editores nos daban la espalda y se centraban en un par de nombres con presencia mediática. Aquella cofradía circulaba en la negritud más absoluta, por una forma de entender la narración y la realidad. Cada cual siguió su camino literario, fiel a la manera de hacer las cosas. (...) ... quiero añadir una confesión a modo de posdata. La voluntad de explicar el mundo a través de historias reales y ficticias es para mí una necesidad inevitable, un impulso contundente. Mis libros no tendrían sentido si no fueran instrumentos de conocimiento, de revelaciónh. La actividad literaria es para mí la uúnica manera que conozco de seguir vivo en este mundo tan bestia. En mis novelas negras, la realidad y la ficción se mezclan hasta formar un todo indivisible. Donde no uede llegar el periodismo ni la historiografía, la literatura de ficción criminal se convierte en verdadera narradora de la verdad oculta. Escribo historias realistas, documentadas, inspiradas en personas y sucesos verdaderos; interpreto los hechos, reflexiono. Y lo hago con novelas de acción sin monólogos interiores, donde las peripecias de los personajes nos conducen al retrato social y muestran las miserias y grandezas de la condición humana. Mis narraciones utilizan el procedimiento de la investigación y buscan respuestas a las grandes preguntas. La literatura, tal como yo la practico, es una actividad social, de contrapeso crítico frente a tanta estupidez organizada. Soy un escritor comprometido conscientemente con mi tiempo, y mi objetivo es tratar de iluminar las zonas de sombra. Por eso escribo novela negra, porque es un género que nos permite contar historias desde el mismísimo infierno. (Mariano Sánchez Soler: Anatomía del Crimen. Guía de novela y cine negros. Págs 183-184)